
De vuelta me encuentro frente a la lap una vez más, esta vez la razón es que creo que si no lo escribo, lo digo o lo vomito voy a reventar.
Tengo una terrible sensación de nausea cerebral, y tengo varias explicaciones para esto,la primera es que el libro de “El diablo viste de Prada”, me ha lavado el cerebro y entre tanto Gucci, Versace, Dior, Carolina Herrera, Dolce & Gabana y Oscar de la Renta, mis neuronas han sufrido un colapso y están en mi estomago, y éste no habituado a estar lleno antes de las 6 de la tarde ( debido a mi queridísimo horario de Universitaria), provoca una reacción de mareos y nauseas en menos de 5 minutos, otra tal vez se deba a que la envidia me carcomió por unos minutos: la razón, un trabajo, odio sentirme así, por muchas razones entre las principales, esta la razón de que nunca me he sentido más que los demás y sobre todo he sido lo suficientemente lista para poder disfrutar de los talentos de alguien más, me agrada muchísimo aprender de todos todo lo que se pueda, la segunda podría ser que simplemente se pierde tiempo en sentirte menos que los demás, terminas con menos autoestima, con el cerebro colapsado y con un sentimiento de frustacion inagotable. Finalmente la ultima razón de mis nauseas compulsivas, podría deberse a que experimente una vez más la sensación de odio, esa maldita plaga que me persigue cada vez que mi“ex–mejor amigo”, hace gala de lo maravilloso y fascinante que es su “pareja”, simplemente es una sensación que no puedo evitar, me revuelve el estomago y la cara de felicidad no se puede componer hasta que se me olvida, el sentimiento de malestar dura siempre de 2 a 3 días, pero siempre logro convencerme a mi misma que es a causa del estrés y no porque el odio me carcome el organismo lentamente, la verdad es que no me gusta experimentar esto, primero porque no vale la pena, segundo porque si lo odio le doy más importancia al asunto de lo que se merece y finalmente se dice que se odia porque no se tiene algo que tiene otra persona. Lo único que podría decir después de esta confesión un tanto estomacal, es que no me gusta odiar, porque cuando lo hago no pienso, y la sensación de incomodidad es peor que sentarse en una cama de clavos, y el sentimiento de ser una persona totalmente distinta a la que siempre he querido ser, siempre he sido yo misma, sin necesidad de envidiar ni odiar a nada ni a nadie y así quiero seguir siendo yo, para siempre.
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